Cortometraje
Un cortometraje es una producción audiovisual o cinematográfica que dura sustancialmente menos que el tiempo medio de una película de producción normal.
Una de las finalidades del cortometraje es conseguir la atención del espectador desde el primer plano, a través de la historia que se le presenta, y "soltarlo" de manera sorpresiva, absurda, violenta, humorística, inexplicable, nostálgica, es decir, que "movilice" al espectador.
Si bien no existe una norma estricta, una posible clasificación por tiempo podría hacerse de este modo: La duración de los cortometrajes va desde menos de un minuto hasta los 30 minutos. Las películas de entre 30 y 60 minutos son mediometrajes. Según la Real Academia Española, a partir de una hora de duración se las considera largometrajes.
Los géneros de los cortometrajes abarcan los mismos que los de las producciones de mayor duración, pero debido a su coste menor se suelen usar para tratar temas menos comerciales o en los que el autor tiene más libertad creativa. Muchos jóvenes creadores usan estos para dar sus primeros pasos en la industria cinematográfica y bastantes directores de cine consagrados hoy en día comenzaron con estas producciones. Probablemente el cortometraje más famoso de la historia sea "Un perro andaluz", escrito y dirigido por dos jóvenes que por entonces aún no habían alcanzado la fama: Luis Buñuel y Salvador Dalí.
En la actualidad, el abaratamiento de las nuevas tecnologías digitales y su acercamiento a la producción amateur, ha supuesto una revolución en el mundo del cortometraje, en el que los jóvenes realizadores pueden comenzar eludiendo los grandes gastos que hasta ahora suponía la realización de estas pequeñas obras.
La realización de cortometrajes prolifera de forma eminentemente autodidacta puesto que no es un género definido en el que existan cánones establecidos. Por este motivo, el denominado "corto" es una plataforma de impulso de los nuevos cánones visuales. La transgresión de las normas clásicas de la cinematografía tiene cabida en estas pequeñas obras.
Uno de los grandes problemas a los que se enfrentan los cortometrajistas es la ausencia de un mercado definido para estas obras. Son aún pocos los circuitos de exhibición comercial de cortometrajes pese a que, por otro lado, y paralelamente, los concursos y certámenes de este género proliferan cada año. Internet está suponiendo cada vez más una plataforma de difusión del cortometraje.
Desde inicios de la década pasada el cortometraje ha experimentado profundas transformaciones que le han llevado a convertirse por fin en un género audiovisual con entidad y problemática propias. Aumento de la producción, la incursión de las tecnologías digitales, eclosión de festivales especializados, etc. son sólo algunos de los aspectos esenciales para entender dicha evolución. En este artículo nos centraremos en otro aspecto, que si bien ya era conocido desde hace décadas, ahora más que nunca queda desligado del hecho de que el corto en sí mismo es una forma de expresión audiovisual que merece la máxima consideración e interés.
Una de las características más marcadas de este género audiovisual caracterizado por su pequeña duración es servir como escuela para que muchos nuevos directores de cine se abran paso y puedan demostrar su talento en un cortometraje que les haga posible, posteriormente, acceder a la participación en un largometraje. De hecho, entre enero de 1990 y diciembre de 1999, ciento cincuenta directores debutantes dirigieron por primera vez un largometraje.
Un productor difícilmente confía presupuestos de varios millones de euros y el mando de un equipo de profesionales de un largo, a quien no cuente con una acreditada experiencia en el audiovisual. Es en este punto cuando el cortometraje cumple una función clave como escuela de futuros directores. Así lo cree el productor Andrés Vicente Gómez: "El cortometraje debe mostrar cómo es el director y ha de servir para que los jóvenes profesionales se introduzcan en la profesión."
Para entender este papel que juega el cortometraje es conveniente tener en cuenta que el sector audiovisual y en particular la frágil industria cinematográfica en España, es un campo al que resulta difícil acceder laboralmente. Sobre todo por las elevadas cantidades de dinero que requiere la ejecución de un largometraje, y por la responsabilidad de hacer recaer los fondos en las personas adecuadas que a priori puedan al menos asegurar un correcto acabado profesional de la película.
Constituye una operación de alto riesgo por lo que, como es lógico, los productores confiarán todo el aparataje económico, técnico y humano a alguien con alguna referencia concreta y tangible. Un cortometraje, para los productores y organismos públicos, constituye dicha referencia. Aquel que aspire a trabajar de modo más o menos estable en este sector, se encontrará con múltiples dificultades añadidas a las propias de integrarse en cualquier campo productivo.
Un buen corto constituye una carta de presentación para recorrer las productoras en busca de ayuda y financiación para un largometraje. Si al correspondiente guión se le adjunta una cinta con el cortometraje del nuevo realizador, las posibilidades de ser tenido en cuenta por parte de la productora son mucho mayores. Un cortometraje es la demostración clara de que el aspirante a director de largos sabe desenvolverse en el universo audiovisual y es capaz de narrar con cierta solvencia.
Así, los nuevos realizadores no acceden casi en ningún caso a la dirección del largometraje sin que previamente haya realizado un trabajo de menor calado económico. Los productores, no confían sus inversiones y esfuerzos a directores de los que no tenga referencia tangible alguna. En este punto entra con fuerza el cortometraje, como la mejor y más solvente fórmula de demostrar las aptitudes profesionales, expresivas y creativas del realizador cara a futuros proyectos de largometrajes. Se trata del mejor aval y facilitará mucho -sin que esto signifique garantía alguna- el eventual desembarco en el largometraje cinematográfico aunque sea asumiendo funciones de ayudante de dirección y en no pocos casos, directamente desarrollando la función de director.
La actriz Nathalie Seseña, quien desde la perspectiva actoral considera el corto como campo de actuación en el que aprender desde el punto de vista de la interpretación: "Estoy muy agradecida a los cortometrajistas porque me han dado la oportunidad de interpretar a personajes que a lo mejor cuando empezaba no podía hacer en largometrajes y he conocido a muchísima gente con mucho talento. Es un campo maravilloso."
Por su parte, la revista Fotogramas es muy clara en su posición al respecto al decir en su anuario: "Festivales especializados, programas de televisión, (...) son un estímulo para la aparición de nuevos directores formados en la mejor escuela de cine: el rodaje de un corto". En este sentido Maria Rubín afirma: "Actualmente cualquier productora o distribuidora se ha fijado en los cortos para descubrir nuevos talentos y se atiende a ese trabajo para apostar o no por alguien. La gente se ha dado cuenta de que los directores de hoy son los cortometrajistas de ayer".
Esencialmente el cortometraje hace vigente en los últimos años su especificidad e importancia en cuanto a escuela de nuevos profesionales del audiovisual. Directores de gran peso comercial en el cine español actual como Santiago Segura, así lo creen con total convencimiento: "Yo creo que es una gran escuela. Sinceramente creo que es la mejor (...) Llevo haciendo cortos desde los catorce años, cortos en Super 8 (...) logré hacer 35 milímetros, y desde luego si no hubiera hecho los cortos creo que jamás habría podido hacer el largo."
El escritor Manuel Hidalgo reflexiona sobre la importancia de los cortos cara a la dirección de largos y cómo público y profesionales están atentos a este sector del que surgen los nuevos cineastas: "Puede que el gran público de cine no preste ninguna atención a los cortos, puede que los cortometrajistas -por no conseguir colarse en las grandes cadenas de exhibición- piensen que han alcanzado todavía a medias sus objetivos, pero lo cierto es que hay una amplia minoría mayoritaria, esencialmente joven, que tiene acceso a los cortos y que la profesión cinematográfica sigue a los cortometrajistas muy de cerca, por lo que son fluidos y abundantes los debús en el largometraje de quienes se han hecho notar con sus cortos."
Por otra parte, citemos como digno de mención el hecho de que el cortometraje es la forma ideal para enfrentarse a la dirección para algunos actores profesionales. Sólo en el año 1998, veteranos como Silvia Munt, Andrés Pajares y Silvia Tortosa, o habituales de la escena como Faemino, rodaron sus cortometrajes dentro de los planes de producción de productoras consolidadas en el campo del cortometraje y la publicidad. Otros actores como Jordi Mollá también han pasado por la dirección de cortos antes de pasar al largo.
